Porque entre el Estado de Partidos y la sociedad civil no existe una sociedad política intermedia, la parte más civilizada de aquella debe orientar la formación de ésta, sin el concurso del Estado.
El actual Estado de Partidos está muy alejado del ciudadano porque ambos tienen intereses diferentes.
Las personas pertenecientes a los principales partidos políticos se centran en mantenerse en el poder a toda costa, con el aparente único fin de conseguir una buena suma de euros (todos sabemos que tienen enormes sueldos, y que además muchos de ellos nos roban). De este modo los gobernantes no buscan lo mejor para los ciudadanos, ya que no nos invitan a practicar los valores, la virtud, o la creatividad, sino que más bien nos llaman a sinvalores como el afán de poder y de dinero, la corrupción, el fin que justifica los medios…
El ciudadano lo que quiere es vivir y ser feliz (que no es poco), y para ser feliz primero es necesario cubrir unas necesidades básicas y universales (vivienda, alimentación, agua, trabajo…). Si el actual sistema de gobierno no permite que todos los ciudadanos alcancen a satisfacer estas necesidades, está claro que no es un sistema válido.
Una vez alcanzado el umbral mínimo de bienestar las personas ya están en disposición de buscar la felicidad, de vivir cada uno la vida conforme a la búsqueda de la plenitud.
De estos ciudadanos en busca de la plenitud, con abundante formación en valores, leales con el ser humano y con conocimientos e información disponibles, debería manar la sociedad política, por y para el ciudadano. No para aprovecharse enriqueciéndose rápidamente, sino para una organización justa de la sociedad, que permitiría facilitar al ciudadano la búsqueda de la felicidad.
Los partidos políticos no son democráticos, y por lo tanto no buscan la felicidad de sus votantes; tan solo buscan que, sea como sea, les voten, repartiendo caramelos que endulzan temporalmente toda la amargura de sus decisiones interesadas. Utilizan estrategias de marketing, campañas publicitarias y maquillajes para esconder sus verdaderas estrategias políticas, ocultas a la opinión pública.
Por todo esto es necesario que sea la sociedad civil más educada e ilustrada la que debe orientar, para el beneficio (no solamente económico) de todos, la formación de la sociedad política, y debe ser sin el concurso del Estado de Partidos puesto que sabemos que es un sistema corrupto y no objetivo, lleno de intereses económicos privados.




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