Dedicado a Vicente Polo Maragoto.
Términos de Alfonso López Quintás.
Las experiencias de vértigo derivan de adoptar en la vida una actitud egoísta y del ansia de sacar provecho inmediato de cuanto nos rodea. Es entonces cuando nos dejamos llevar por la fascinación del vértigo, de una realidad que nos atrae poderosamente, y actuamos en función de la mera satisfacción instintiva. Esto implica no asumir la distancia que se necesita para tomar una opinión reflexiva.
Así, este tipo de experiencias nos conducen a la destrucción pues la entrega a la exaltación del vértigo nos ciega para los valores. Son acciones que carecen de sentido.
Ejemplos de experiencias de vértigo: gregarismo, inercia espiritual, libertad sin límites, entrega exaltada a sentimientos incontrolados o a una actitud de relax absoluto (dormir), embriaguez, crueldad, violencia, poder, juegos de azar, gula…
Como consecuencia de éstas experiencias se genera goce (acción y efecto de gozar o disfrutar una cosa), y posteriormente se produce decepción, pesimismo, desazón y tristeza, porque son acciones que no nos exigen nada, nos prometen todo y acaban quitándonoslo todo. El vértigo nos produce una exaltación de ánimo que nos orienta hacia el absurdo.
Las experiencias de éxtasis, en cambio, son actividades creativas que enriquecen la vida y que conducen a la edificación cabal del ser humano. Son acciones que están dirigidas a la intimidad de las personas y de las cosas, entendiendo intimar como participar, comunicarse, relacionarse y encontrarse, siendo respetuoso con los demás y con la realidad.
Ejemplos: hacer deporte, coronar una cumbre, actividades artísticas (música, literatura, interpretación…), amistad, diálogo, afán por saber, pensar, profundizar, leer…
Estas experiencias nos exigen todo (suponen esfuerzo y tiempo), nos prometen todo y nos conceden todo. El esfuerzo liberador comienza cuando renunciamos por principio a considerar como objetos de consumo las realidades valiosas (salud, amor, incluso el dinero) y nos decidimos a considerar el valor más como una llamada a la creatividad que como una simple posesión y disfrute de algo.
Las experiencias de éxtasis nos encaminan hacia la meta de la plenitud personal, y nos producen gozo (alegría del ánimo) y entusiasmo desbordantes, optimismo, agradecimiento, esperanza, añoranza de lo valioso y nos dan identidad personal, ya que entramos en juego con la realidad que nos rodea. El éxtasis produce un ser humano exultante.



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Secretario ACRZ
// Ago 22, 2008 at 4:08 pm
Tras la exposición, creo que queda claro hacia qué tipo de experiencias conduce el sistema actual de vida, encerrados en la ciudad, con posibilidades de “liberación” sólo un mes al año más los exiguos días del fin de semana (cuando habitualmente estás demasiado cansado para hacer nada fuera de lo corriente).
Y sentado ya que la mayoría está constreñida a acceder a experiencias de éxtasis como única forma de expansión del espíritu, podemos, sólo con la ayuda del razonamiento, definir lo que hay al otro lado de la puerta: un país de gente triste, que gira a un mundo frenético lleno de nuevas necesidades, y que, como no podía ser de otro modo, venera la partitocracia como único modo de mantener un staus quo vital, que de no venir impuesto por el mero hecho de nacer en occidente, nadie aceptaría (absurdo).
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