ACRZ

Blog de la Asociación Cívico-Republicana de Zaragoza

Principio IV del MCRC

Julio 27th, 2008 · No hay comentarios
Doctrina




IV. Porque los españoles padecen temores derivados de su

tradicional educación en el Estado autoritario, sólo la valentía

personal puede crear la fortaleza de la sociedad civil frente al

Estado.

 

La afirmación que contiene este principio es innegable, un hecho histórico que nos marca hasta estos años, con la llegada de nuevas generaciones de españoles que no han sufrido la opresión dictatorial y que en el futuro alimentarán la auténtica ruptura democrática (siempre que los sistemas educa-doctrinativos de los gobiernos oligárquicos no consigan sus objetivos).

Sin embargo, hay que tener en cuenta que antes del periodo franquista somos ya pioneros en un servilismo que pone los pelos de punta:

En mil ochocientos doce el pueblo gritaba ¡¡VIVA LA PEPA!! Ante la aprobación de una consitución liberal inspirada en los principios de la francesa y la americana, convirtiéndonos en uno de los ejemplos de liberalismo en el mundo, con un sistema rigidísimo de separación de poderes y con sufragio universal, aunque solo masculino.

En mil ochocientos catorce España recibía a Fernando VII al grito de ¡¡VIVAN LAS CADENAS!!, iniciándose una lamentable época de absolutismo que relegó al liberalismo a la clandestinidad y a sufrir una feroz represión.

La ACRZ debe fomentar el conocimiento de ejemplos históricos (que obviamente no se estudian, ahora, sin Franco, tampoco) de ciudadanos valientes y con valores, compatriotas con una profunda convicción política y que, como, por ejemplo, Torrijos, acabaron dando la vida por la convicción de que la libertad de la sociedad civil y la separación de poderes  (la misma que entonces gritaba “vivan las cadenas”) debía defenderse a cualquier precio, aunque fuese la propia vida.

Reproduzco un soneto de Espronceda:

A la muerte de Torrijos y sus compañeros

Helos allí: junto a la mar bravía

cadáveres están ¡ay! los que fueron

honra del libre, y con su muerte dieron

almas al cielo, a España nombradía.

Ansia de patria y libertad henchía

sus nobles pechos que jamás temieron,

y las costas de Málaga los vieron

cual sol de gloria en desdichado día.

Españoles, llorad; mas vuestro llanto

lágrimas de dolor y sangre sean,

sangre que ahogue a siervos y opresores,

y los viles tiranos con espanto

siempre delante amenazando vean

alzarse sus espectros vengadores.


 

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