Hoy se cumplen treinta y cinco años del inicio del procedimiento de “impeachement” que terminó con la dimisión del entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon.
Como aquí está de moda el antiamericanismo a toda costa, la autocomplacencia con la partitocracia, y la servidumbre a un rey que designó Franco, voy a permitirme hacer una comparación de la situación (hace 35 años) de EEUU con la de España, siempre desde un punto de vista de organización política.
- Dos periodistas estadounidenses destaparon un escándalo que dio a la vuelta al país en cuestión de horas: El Presidente de Estados Unidos había utilizado medios públicos para espiar a su oponente en las siguientes elecciones.
Sólo en la década de los ochenta y noventa en España, se destaparon una cincuentena de escándalos relativos a tráfico de influencias, apropiación indebida de fondos públicos, financiación ilícita de partidos políticos e, incluso, la utilización de fuerzas policiales para cometer asesinatos, torturas y secuestros de posibles miembros de ETA. La opinión pública, controlada por los medios de comunicación afines al gobierno, a penas le dio importancia.
- Tras el escándalo, el senado estadounidense decidió abrir un proceso dirigido a depurar responsabilidades y, en su caso, tomar las medidas oportunas.
Todos recordamos cuán lamentables fueron la Comisión del 11-M, o muchas otras relativas a los escándalos antes mencionados.
- Al final del proceso abierto por el senado, Nixon fue cesado en su cargo, sin más, el ejecutivo fue depuesto por el legislativo.
En España este hecho es del todo imposible. Podemos engañarnos diciendo que existe la moción de censura, pero como todo lo relativo al Derecho Constitucional, hay que verlo, en lugar de por separado, inserto en el todo. La moción de censura requiere la aprobación de la mayoría parlamentaria, igual que la investidura del presidente del poder ejecutivo tras las elecciones. Cualquiera que esté leyendo ya se habrá dado cuenta de que si el presidente del gobierno es siempre el jefe del partido que logra la mayoría parlamentaria, resulta difícil de creer que luego vayan a votar en contra de su jefe, que es quien hace las listas y los sienta en el parlamento.
En fin, que hace 35 años, en los países civilizados juzgaban políticamente a sus presidentes, la sociedad civil ejercía su presión y los poderes, separados, ejercían control sobre los demás. Aquí, 35 años después, en los medios de comunicación y los partidos se siguen llenando la boca con la transición, con la familia real y con la palabra democracia, mientras seguimos a años luz de alcanzar un sistema realmente democrático.
El MCRC y la sociedad civil imbuida de sus principios, son la única alternativa intelectualmente íntegra para terminar con la corrupción de la partitocracia y el desprecio que las oligarquías hacia los ciudadanos, y la vía para alcanzar la auténtica democracia.



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