Con esto de Eurovisión toca hablar de música. Hace un año una amiga mía, con el título de musicóloga en el conservatorio superior de música, se fue a Holanda con el título en mano para ingresar en el conservatorio de música de Amsterdam. Tras hacer las pruebas le dijeron que tenía que empezar desde el primer curso. Y así lo hizo. Me da pena, porque de haberlo sabido estoy seguro de que no habría perdido el tiempo aquí y se hubiera ido mucho antes.
Esto lo cuento a modo anecdótico, pero lo cierto es que el nivel cultural y el campo de la excelencia en España es muy bajo por no decir nulo. Manuel García Viñó lo explica en su libro “El País: la cultura como negocio”: el capitalismo exacerbado del poder mediático ha convertido la cultura en un producto más del mercado. Ya no se busca la belleza, sino ventas. Los premios se han convertido en una forma más de marketing.
Los licenciados ya no son una elite, sino jóvenes que se emborrachan a saco el fin de semana y se meten las asignaturas con embudo para luego vomitarlas en los exámenes. Carecen de inquietudes y aspiraciones. Solo buscan un puesto de funcionario (más o menos bueno) para toda la vida y no tener que preocuparse de nada más que ver si el Madrid esto o el Barcelona lo otro, lo que ha pasado en el último capítulo de la serie de turno, ver debates en los que la gente habla de todo sin saber de nada…
Sinceramente, lo que menos me preocupa es la crisis económica. A lo mejor si nos hundimos en la más absoluta miseria económica tal vez todos se den cuenta de que estamos sumidos en la más absoluta miseria de la cultura del sinvalor.
Por esta bajeza intelectual, reinante en la mayoría de los españoles, seguimos viviendo bajo un régimen oligárquico. Es imposible abrir los ojos a subnormales fanáticos, absolutamente faltos de entendimiento, que se creen los más libres y progres del planeta, sin molestarse en descubrir cuales son los principios básicos de la democracia. En vez de eso aceptan pasivamente lo que tenemos, ante la creencia errónea de que al menos tenemos más libertad que antes (es cierto que tenemos más libertades, pero libertad política no). Esos que ante el dolor del látigo del amo (los partidos políticos) le obedecen con más fervor. Pero hay otros que aceptan pasivamente el dolor debido a la indefensión aprendida. Son estos últimos, ahora siervos voluntarios, los que al ver en el MCRC el modo de alcanzar la libertad política, liberarán a los españoles de la oligarquía.



3 responses so far ↓
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Secretario ACRZ
// Mar 24, 2008 at 12:49 am
En el artículo de esta semana, el presidente de la Asociación resume las dificultades de expansión de los ideales de libertad política en nuestra nación, tras años de degeneración educativa, llamando la atención sobre la tarea fundamental de transmitir los valores de la República Constitucional a aquellos que, aún habiendo asumido la servidumbre voluntaria como única opción posible, intuyen ya el insulto que la partidocracia supone, tanto a la propia libertad política, como a la inteligencia del que la acepta.
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Bobotron
// Mar 24, 2008 at 5:51 pm
¿Y a quién, dentro del putiferio político, le interesa que haya gente culta con derecho a voto?
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Secretario ACRZ
// Mar 24, 2008 at 6:39 pm
Estimado Bobotron,
La pregunta de a quién le interesa tiene una clara respuesta, a los partidos políticos.
La pregunta de por qué interesa también tiene fácil solución, porque con este tipo de sociedad, el servilismo y la debilidad de los ciudadanos, incapaces de escuchar o de crear, no corren peligro, y de este modo, tampoco la partidocracia y las corruptelas tienen nada que temer, una base civil así sólo les puede hacer más fuertes.
Convendría también responder a la pregunta de cuándo se fraguó esta inmundicia. Sin duda, fue en la infamante transición, una enorme estafa que sirvió para mantener a las viejas oligarquías en el poder y aupar a alguna nueva.
Sólo queda pues el cómo, no en el sentido de cómo se pudo aceptar la estafa antidemocráctica de la transición, sino de cómo terminar, tanto con la oligarquía partidocrática, como con la sociedad servil y vacía que impera. Eso es labor de unos pocos, que desde hace unos pocos años, vienen denunciando la situación y sentando las bases de la República Constitucional, haciendo ver a nuevos ciudadanos que la situación actual sólo puede ser aceptada por deslealtad, o servidumbre voluntaria.
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